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"No soy un psicópata" (Pinta y Olivares 4)

He finalizado el primer borrador, quedan unos cuantos, de la cuarta entrega de los inspectores María Pinta y Diego Olivares. Como sabéis, el título que tenía previsto era "Los crímenes de Sobrellano" A la hora de escribir me gusta contar con un título al que dirigirme, mentalmente, a la novela, que tenga un nombre propio. Normalmente no lo suelo cambiar, pero en esta ocasión he considerado el cambio.

Ambos títulos mantienen una relación directa con la trama. La campa de Sobrellano, en Comillas, es un lugar importante en esta historia, suceden algunas cosas en ella, y la expresión "no soy un psicópata" también, creo que define a uno de los personajes protagonistas. Para que os hagáis una pequeña idea de este individuo, os dejo a continuación el capítulo 5. Es breve. 4 hojas.


Gracias por vuestro constante apoyo. :)



5

 

 

 

Acabo de llegar de comer una exquisita merluza con gambas regada con "Envidia Cochina". Reconozco que me sorprendió ver este vino blanco en la carta, un albariño Rías Baixas que me trajo grandes recuerdos. No pude evitar sonreír.

Sí, grandes recuerdos.

De los mejores.

La primera vez guarda un espacio en la mente que es para siempre. No tiene que haber sido la mejor, basta con haber sido la primera. En lo que a mí respecta su recuerdo me duele. No, no se trata de un dolor físico, sino moral. Esa primera vez me demostró que tenía mucho que aprender. Lógico, como digo, fue mi primera vez.

Pidió "Envidia Cochina" no sé si para hacerse la interesante conmigo, la entendida. Lo único que sé con certeza es que de interesante y de entendida no tenía nada. Era absurda, simple, burda, chabacana, ordinaria... podría seguir nombrando cualidades de esta señora.

Y sí, mi amigo tenía razón, era infiel. Definirlo como amigo sería exagerar la relación, pero en nada afectó a la conclusión:

Tenía que morir.

 

Fue llegar de comer con este magnífico vino y encender la televisión. Algo me decía que al fin podía empezar la partida.

Así fue.

Las imágenes de la primera playa del sardinero no terminaban de encajar con lo que esperaba, pero tenía que ser ella.

Sí, era ella.

La reconocí por la ropa.

 

“Esta mañana la playa del Sardinero ha sido testigo de un macabro hallazgo. El mar ha devuelto el cuerpo de una mujer a la que no será sencillo identificar. Ha transcendido que la cabeza fue seccionada. Nada se sabe cuál ha podido ser la causa de…”

 

No puedo evitar sonreír una vez más mientras me sirvo un dedo de Johnnie Walker etiqueta azul.

 

“La policía busca a una mujer que pueda haber desaparecido en las últimas semanas, o que desafortunadamente haya caído al mar y que…”

 

Si no son capaces de identificarla tendré que pensar en darles alguna pista, alguna migaja. Nada como escuchar a los sesudos psiquiatras y periodistas hablando de perfiles criminales y motivaciones de los asesinos.

Una vez más.

Reconozco que hoy me siento mejor, mucho mejor que las últimas semanas. No supe gestionar la mini crisis en la A8. Una pareja de jóvenes que pretendía ir a León, pero primero querían conocer Lugo. Hablaban de la felicidad, de su felicidad, como si no hubiese más felicidad que la suya envuelta en ñoñerías y miradas estúpidas.

No lo tenía planeado, pero…

No pude quedarme callado, lo intenté. Ni quedarme de brazos cruzados. No en mi coche.

Me daban asco.

Frené en la misma A8 y los mandé bajar. Los muy imbéciles pensaban que estaba de broma.

¡¿De broma?! ¡¿Yo?!

¡¡Fuera!!

Aún me hierve la sangre cuando pienso en su bobas expresiones y ridículos titubeos mientras descendían del coche. Dejé que se alejaran varios metros, no venía nadie, apenas había circulación.

Como en toda acción no buscada, no premeditada, suele haber un detonante. El dedo corazón del chico apuntando al cielo y mirándome. En su rostro vi una sonrisa estúpida, de suficiencia. Ella se quiso unir a la fiesta imitando a su novio.

Si lo hubiesen sabido o siquiera sospechado no habrían actuado así, pero ya era tarde.

Demasiado tarde.

Apreté con fuerza el volante y aceleré. Pisé con todas mis fuerzas y…

Y sí, me los llevé por delante.

Dudé unos minutos en qué hacer con ellos. Sólo unos minutos, mi experiencia me invitó a llevármelos no sin antes ayudarles a que dejaran de quejarse, y facilitarles el tránsito a dónde quiera que sea.

Dejé una muestras de sangre en el quitamiedos. Nunca se debe desaprovechar una oportunidad como esta.

 

Después de dar una vuelta por todos los noticiarios y de disfrutar de un par de dedos de Johnnie me fui a echar una siesta. Sin ella no soy nadie. Es mi mejor compañera. Me costó dormirme. ¿El motivo? Sencillo, me había dejado llevar por mi ego. El ego siempre es estúpido, no razona, sólo quiere ver satisfechas sus necesidades y lo quiere ya. Sí, un fallo que no debe volver a suceder. No iba en el coche adecuado para algo así. No, no era el coche. Tendré que esconderlo hasta deshacerme de él.

Bueno, ¿para qué están los errores si no es para aprender de ellos?

Chist, silencio...

Necesito esta siesta.

Me quiero dejar llevar entre las sábanas por viejos recuerdos.

Recuerdos de Galicia

Recuerdos de mi primera vez.

Recuerdos de “Envidia cochina

Sí, esto es vida.


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